
Para qué mentirnos. El viento te susurra su nombre, no el mío...

...ahora, los dos*

Yo te echo de menos, tú me echas de más.
Estados bucólicos de imágenes hacia un mundo paralelo, lejos del ruido. El silencio que nos deja escuchar el ritmo de nuestro corazón y nos lleva a donde queramos. El "ni contigo ni sin tí" desaparece si concentras la mirada en los ojos del otro. La brisa acaricia nuestra piel desnuda pero no nos mueve un sólo cabello.
Allí donde lo que tú y yo somos para los demás pierde sentido
Y sólo nos importa soñar*
Te miró, sólo tuvo unos instantes, y supo, temeroso, su fin.
Pero antes de explotar en mil pedazos no olvidó apretarte la mano y, con los ojos cerrados, sonreir. Tú, asesino, le mataste; pero en la autopsia al músculo rojo inerte no hallaron rastro alguno de rencor, ni odio, ni dolor.