Ven acércate aquí, a mi barandilla.
¿Ves cómo se transforma con las estaciones esta ciudad?
Todavía podemos correr desnudos por la arena como si fuesemos los únicos corazones latiendo a kilómetros. Las persianas bajadas te dejan libertad para besarme sin que el mundo se entere. Las paredes desconchadas nos dejan tiempo a solas hasta que lleguen los bañistas en agosto.
Aún estas noches son más cálidas que las veraniegas, si encendemos la chimenea y nos bebemos el cognac que tiene guardado papá. Bailaremos hasta tarde y gritaremos borrachos a la luna, sin el miedo a que nos escuche vecino alguno.